viernes, 29 de junio de 2012


PONENCIA  PARA el VI CONGRESO ALACIP, 12-14 DE JUNIO. QUITO, ECUADOR.
SUBALTERNIDAD Y MULTITUDES COMO ACTOR POLÍTICO.
PRIMERA PARTE
AUTOR: MIGUEL ANGEL HERRERA ZGAIB[1]


PRELIMINARES

“Por la propia concepción del mundo se pertenece siempre  a un determinado agrupamiento, y precisamente al de todos los elementos sociales que participan de un mismo modo de pensar y de obrar. Se es conformista de algún conformismo, se es siempre hombre masa u hombre colectivo. El problema es éste: ¿a qué tipo histórico pertenece el conformismo, el hombre-masa del cual se participa?
Antonio Gramsci, Nota I, en: Introducción al estudio de la Filosofía y del materialismo histórico. Premiá Editora. México, 1981, p.  8.
                                                                 
Durante la primera mitad de los años 70, cuando el estado de sitio era una constante institucional colombiana, empecé a participar de un grupo juvenil universitario, Núcleos 21 de abril, que luego hizo parte del fallido proceso de la Unión Revolucionaria Socialista, la URS. Esta organización pretendía convertirse en partido político articulando un conjunto de agrupamientos y núcleos marxistas de diferentes vertientes del espectro socialista, desde pro-castristas, y camilistas comprometidos con la teología de la liberación hasta seguidores del marxismo, leninistas, trotskistas, y pro-chinos movidos por la revolución cultural del gran timonel, y su ruptura con la hegemonía de la Unión Soviética. 


Encarnábamos como precipitado la fractura política de la hegemonía liberal-conservadora ejercida sobre dos sectores sociales específicos, jóvenes y trabajadores intelectuales, expresiones sí de la contrahecha y postergada modernidad plena que aún sufre Colombia. 

Aquella fractura era el producto de una crisis de representación en la sociedad tradicional, un fruto de la crisis de hegemonía cultural que se tradujo en la separación de los sectores medios educados del bloque de poder y su proyecto de paz y progreso llamado Frente Nacional, nacido dizque para acabar con la violencia partidista.[2]

 INCUBACIÓN DE LA REBELDÍA SUBALTERNA

“En ciertos momentos  de su vida histórica, los grupos sociales se separan de sus partidos tradicionales. Esto significa que los partidos tradicionales, con la forma de organización que presentan, con los determinados hombres que los constituyen, representan y dirigen, ya no son reconocidos como expresión propia de su clase o de una fracción de esta.
Cuando tales crisis se manifiestan, la situación inmediata se torna delicada y peligrosa, porque el terreno es propicio para soluciones de fuerza, para la actividad de potencias oscuras, representadas por hombres providenciales o carismáticos”. Antonio Gramsci, Observaciones sobre algunos aspectos de la estructura de los partidos políticos en los periodos de crisis orgánica,  p. 361.

                                                           La acción de la izquierda en Colombia expresaba una conducta transversal que movilizaba a sectores empobrecidos y excluidos de la clase media, y con ésta a grupos de trabajadores y sectores populares desplazados por la gran Violencia, y también a habitantes de los cinturones de miseria de cuatro grandes ciudades, Bogotá, Medellín, Barranquilla y Cali. A todos ellos se les intentaba comprender como a un pueblo. Aquellos proyectos de la izquierda incipiente eran reprimidos violentamente e ilegalizados siempre que  resistían a las imposiciones de una sociedad ultra conservadora, que lo era antes y lo sigue siendo ahora. 

Aunque a la fecha, después de pasar dos periodos de seguridad con el expresidente Álvaro Uribe, el sucesor Juan Manuel Santos implementa un alivio focalizado, un viraje que quiere aclimatar “la tercera vía” de la prosperidad, interpelando a los desplazados, y a los más pobres de los pobres, de los cuales, 100.000 familias, dice, serán beneficiarias de vivienda gratuita durante este gobierno. Claro, ninguno de los dos dirigentes del bloque de poder oligárquico burgués, prescinde de auto-llamar gobiernos democráticos a sus coaliciones al comando del Estado.

Para la pequeña burguesía intelectual, escindida de la conducción bipartidista del Frente Nacional, hacer la revolución era el primer mandamiento del nuevo credo laico. Las universidades e instituciones secundarias fueron los templos donde se alimentó la mayor parte de aquella herejía ideológica, de las cuales se desprendieron los primeros predicadores de la buena nueva. Tuvimos delante el espejo agónico del guerrillero heroico y ateo, junto a  imaginarios del compromiso con la caridad cristiana representados por los curas del Golconda, y el padre Camilo Torres Restrepo. 

Hubo para todos los gustos y compromisos militantes durante ese periodo de incubación. Emergieron figuras múltiples fractales del heterogéneo campo de la izquierda que alcanzaron proyecciones transcontinentales. En primer lugar, en la cadena sacrificial estuvo Ernesto Guevara, con la misión inconclusa de crear muchos Vietnams. Antes fue Patricio Lumumba, primer ministro, asesinado por garantizar la independencia del Congo contra Bélgica, para emprender luego la construcción socialista. 

Después el turno fue para Miguel Enríquez, secretario del Mir chileno, quien precavía la destorcida de la reacción contra las nacionalizaciones de la Unidad Popular del presidente socialista Salvador Allende. Impulsaba el Mir la creación de autogestión obrera de la producción y poder popular autónomo mediante los cinturones industriales, y el auto-abastecimiento en las barriadas populares de Santiago, Valparaiso, Concepción y otras ciudades. En la Argentina era Mario Roberto Santucho y el ERP, quienes organizaban a los pobres del campo del norte argentino, desde Tucumán;  y a los herederos urbanos de los cabecitas negras peronistas, y avanzar con dificultad manifiesta del justicialismo peronista al socialismo trotskista. El método escogido aquí fue la vía armada, reafirmada por la defección de Perón a su regreso, en la masacre del aeropuerto de Ezeiza en Buenos Aires.
 
Junto con  ellos tantos militantes optimistas y anónimos se formaron, cayeron y desaparecieron durante los años del alumbramiento dramático de la opción de izquierda, Casi sin excepción, no pensaban en serio, sino que obviaban la opción democrática por reformista. No faltaban razones y hechos que apoyaran tal aserto.
Más aún, contra una modernidad contrahecha,[3] henchida de desigualdades y con un gran índice de analfabetismo político, inducido por los lazos de dependencia y subordinación personal anteriores, con afán se buscaba la vía rápida. La revolución cubana parecía ser el ejemplo más elocuente a seguir no sólo en América Latina sino en otras latitudes de situación política y social parecida, agrupadas como tercer mundo por los analistas occidentales del desarrollo y el subdesarrollo. 

Sin embargo, con heroísmo y sacrificios, este movimiento en sí expresaba un conato de reforma intelectual y moral, una disputa por la hegemonía cultura. Como tal  animó, fue catalizador de la segunda oleada revolucionaria, donde no solo hubo sectores medios, intelectuales y estudiantiles, sino también obreros, nuevos y tradicionales, campesinos pobres y jornaleros, habitantes de todas las barriadas y villas miseria. Constituían los activos brotes de las multitudes invisibilizadas por la república señorial,[4] en rebelión contra la exclusión, la desigualdad y la miseria que los asfixiaba en campos y ciudades. 

En América Latina fue un proceso cuya dinámica duró un cuarto de siglo, entre 1955 y 1980. Para establecer así unos límites convencionales que se extienden entre la caída del peronismo, la derrota de la Unión Soviética en Afganistán en Asia, y  la imposición del modelo neoliberal en América Latina, y el revisionismo en la China popular con Deng Tsiao Ping a la cabeza. [5]

La nueva conducción hegemónica de la economía capitalista gravitó hacia y conquistó una nueva capa intelectual, de procedencia pequeño-burguesa. Forjada orgánicamente tal dirección  por las enseñanzas añejas de F. Von Hayek y Milton Friedman, difundidas en y desde las universidades estadounidenses de modo preferente; y dispuesta a imponer lo que los analistas de la izquierda denominaron “un pensamiento único”, popularizado como “reagonomics” y “thatcherismo” en el curso de la globalización capitalista  y la mercantilización del conjunto de derechos y servicios públicos de bienestar dondequiera que fuera posible.  

Los dictados de esta intelectualidad se apostaron en Suramérica. La ocasión, el golpe militar en Chile, los “Chicago Boys” fueron ahora orgánicos a la dictadura militar para convencer de la apertura de los mercados, la inserción en los circuitos del capital financiero global, así como para realizar el desmonte regresivo de los derechos sociales y económicos conquistados por el Estado de compromiso en América Latina, llamado así por el sociólogo brasileño  Francisco Weffort.[6] 

Esa égida aún persiste, en forma vergonzante, pasa por los gobiernos de la llamada “concertación democrática”, y en particular, los turnos socialistas decoloridos de Lagos y Bachelet, quienes no quisieron/pudieron desmontar el autoritarismo empotrado en las instituciones de dirección de la nación, y le apostaron, en parte, a la tercera vía que ensayó Tony Blair en Gran Bretaña . 

LA ESCALADA DEMOCRÁTICA,  ANTES Y AHORA.

“¿Cómo se forman estas situaciones de contraste entre “representantes y representados” que desde el terreno de los partidos (organizaciones de partido en sentido estricto, campo electoral parlamentario, organización periodística) se transmiten a todo el organismo estatal, reforzando la posición relativa del poder de la burocracia (civil y militar), de las altas finanzas, de la iglesia, y en general de todos los organismos relativamente independientes a las fluctuaciones de la opinión pública? En cada país el proceso es diferente, aunque el contenido sea el mismo. Antonio Gramsci, Escritos Políticos, 1917-1933, p.  362.
                                                              El experimento neo-liberal, su dirección intelectual y política triunfante en los 80 enfrenta  la crisis social y política en América del Sur, que aparece como definitiva, con sus especificidades que es requisito ineludible aprehender en cada situación. Es, sin embargo, en lo general una crisis orgánica del capitalismo posfordista, para recuperar a Gramsci en el entendimiento del capitalismo de la segunda posguerra del pasado siglo, y las contribuciones presentes de la corriente autonomista.

Al entender de ese modo la crisis actual nos reabre un campo potencial para las reformas democráticas represadas y reprimidas a sangre y fuego durante el pasado cuarto de siglo; y define pasos primordiales en el proyecto gramsciano de construir la sociedad civil auto-regulada que desarticula, desmonta el proyecto capitalista globalizado a lo largo de una dolorosa guerra de posiciones que enfrenta a democracia y guerra.[7]

El nuevo espíritu de la reforma se nutre del discurso del socialismo del siglo XXI, donde triunfaron partidos y/o coaliciones de fuerzas de izquierda o democráticas. Y  vuelve a  tener como punta de lanza visible a los estudiantes universitarios y secundarios, donde tales triunfos no han ocurrido. Tales son los casos de Chile primero, y  Colombia desde el año 2011, cuando los estudiantes organizados en la MANE enfrentaron con éxito coyuntural el trámite de una contra-reforma que abría de par en par las puertas a la privatización de los saberes, y la derrotaron.[8]

En Chile, los estudiantes universitarios y de secundaria, - primero, los legendarios “pingüinos”-, exigen al gobierno de la concertación de Michele Bachelet, y ahora al del derechista Sebastián Piñera, - ligado antaño al partido Nacional golpista-, desmontar el negocio capitalista de la educación pública, porque los convirtió a ellos y sus familias en deudores consuetudinarios, y a la educación pública un bien común inalcanzable. Ahora, la reciente movilización de más de 80.000 jóvenes, radicalizados por su intransigencia frente al despojo cultural y científico, exigen también el cambio radical del régimen heredero de la dictadura militar. 

Dicho giro a la izquierda supone e impulsa, para no quedar en enunciaciones retóricas, la efectiva democratización de la sociedad en todos los órdenes, contrahecha por los efectos del placebo neo-liberal que hizo crecer artificial, especulativamente, a sus sectores medios, empleados del sector terciario de la economía, afectados ahora por los altísimos costos de educación, salud, y con escasas, casi nulas garantías para la tercera edad. 

El objetivo inmediato de las multitudes en su despertar como monstruo político, cuyo movimiento sacude al neo-liberalismo en América del Sur, en países como Chile y Colombia,[9]  es combatir la exclusión de la igualdad social básica, la pobreza y la miseria de los muchos. Por lo que  este sujeto plural en formación reclama la redistribución de la plusvalía relativa obtenida del voraz crecimiento capitalista sin rostro humano que parasita la inaudita productividad del trabajo durante el tercer milenio. 

Esa bonanza ilusoria que pregonaron las grandes burguesías asociadas con el capital financiero global, en la pasada década mucho tiene que ver con la venta de grandes volúmenes de recursos naturales no renovables, mono-productos no procesados para dar impulso a las economías capitalistas emergentes del eje Asia-Pacífico, y de los mercados más tradicionales como Estados Unidos, Francia y Alemania de las bautizadas sociedades postindustriales. 

La conducción de la rebeldía chilena, que hasta el Wall Street Journal publicitó destaca a Camila Vallejo, hoy vicepresidenta de la FECH[10]; pero cada vez adquiere más claros visos de una  guerra social de posiciones en la encarnizada disputa por la democracia, por  obtener el comando de la sociedad civil, que tiene ahora en la dirigencia estudiantil organizada, no solo un despertar sino el estreno de conducción nueva, aunque en parte vertida en odres viejos. 

El abogado Gabriel Boriç que la preside tiene inspiración autonomista en la renovación política chilena, y recupera el legado gramsciano,  prácticamente invisible, irrelevante durante la Unidad Popular. Aquellos tiempos aparecían como propicios para una guerra de movimientos, que dividió a la izquierda entre agrupamientos dispuestos a una transición democrática, sin guerra, y fuerzas que como el MIR, pensaban y alertaban a lavez que los antagonismos se resolverían  por la vía armada.

Estos jóvenes representantes y protagonistas de primera línea, comunistas y autónomos, insisten hoy en el despliegue de un verdadero y efectivo liderazgo democrático, que  impida en lo posible la burocratización y las consabidas manipulaciones de las multitudes emergentes y actuantes en la primavera del monstruo político heterogéneo, diverso y con mil caras y colores.   

Treinta años atrás, en otra transición sin consolidación, un brillante intérprete ultraconservador del cambio democrático, el politólogo Samuel H. Huntington calificó de “tercera ola” aquel traumático despertar del trabajo levantado contra el dominio del capital. Él caracterizó el avance de aquella onda de creciente participación que antes sacudió los principales escenarios capitalistas, Estados Unidos, Francia, Alemania, Italia en Occidente; producida por el temprano despertar del monstruo político compuesto de multitudes de trabajadores, pobres, mujeres y estudiantes. Estas encarnaron y animaron los nuevos movimientos sociales que ofrecieron materia a otra generación de analistas, desde Alain Touraine hasta Alberto Melucci. 

La crisis de la hegemonía fordista a escala planetaria empezó a gestarse en el torbellino de las universidades estadounidenses levantadas y movilizadas en contra la guerra, hasta conformar el vigoroso movimiento de estudiantes por la sociedad democrática, que se juntó a la lucha que por los derechos civiles que hermanaba a blancos, mujeres, y minorías negras y chicanas, y que padeció el asesinato, la  cárcel o el exilio de sus principales líderes. 

La “tercera ola” se fortaleció primero con la rebeldía de la juventud estadounidense contra la guerra en Vietnam, y en defensa de los derechos civiles en casa; y creció en el legendario mayo 68, que catalizó una crisis orgánica al interior del modelo  autoritario de posguerra la V República francesa.  Estudiantes y jóvenes obreros pusieron en ascuas  a De Gaulle y a su criatura más querida, el “estado de bienestar”, el compromiso de posguerra entre sindicatos y patronos confederados en la reproducción capitalista. 

Alemania pos-nazi vivió otro tanto del despertar con la rebeldía de la juventud del SPD, que fue un polo de acciones y pensamiento radical de cuño marxista.[11] Entonces Rudi Dutschke denunció y desafió la connivencia de los aliados de la reconstrucción con los enclaves del nazismo, y la explotación de los trabajadores migrantes europeos y turcos. Der Spiegel y la industria editorial sierva del capital fue objeto de sus ataques políticos directos y denuncias reflexivas.[12]  Los líderes económicos y políticos del “milagro alemán” del canciller Erhardt mantuvieron a colaboradores y negociantes del régimen hitleriano después de los juicios de Nüremberg. 

La relación de fuerzas internacionales tenía un hegemón indiscutible, los Estados Unidos, pero ya  afectado por el desastroso curso de la guerra imperialista que el complejo industrial militar estadounidense libraba en el sureste de Asia; y por el incierto devenir de la descolonización de Africa y Asia, donde la cuestión palestina y surafricana eran el pedernal. Claro, unido a la inclusión de la vuelta democrático-liberal de España, Portugal y Grecia que salían de ser dictaduras apoyadas por los poderes occidentales desde el reparto de Yalta. 

Pero, el detonador más visible de la crisis fueron las escaramuzas especulativas, desestabilizadoras de los precios en la lucha por el control del petróleo. La presencia de un nuevo jugador internacional poderosos, la OPEP, enfrentó al status quo de las “7 hermanas”, el oligopolio occidental que dominaba a sus anchas la explotación y comercialización del oro negro. El mundo se inundó de petrodólares, circuló con la revolución científico-técnica el trabajo social cristalizado, “el intelecto general”, y la corriente crítica de los nuevos marxismos.[13]

Ante semejante cuadro internacional, Huntington, estratega de las sociedades en cambio, previno acerca de la revolución democrática en curso a los gobiernos burgueses del centro del sistema  capitalista que lo consultaron. La ingobernabilidad era la plaga inducida por, según él, Crozier y Watanuki, esto es, la Comisión trilateral, - antecedente político de los consensos de Washington -, una exagerada participación política. 

Tarea urgente era encauzarla, moderarla, reducirla para bien de todos. Nixon y Kissinger fueron los audaces cruzados en China y en la Cochinchina, ofreciéndole estabilidad y prosperidad al desenlace de la revolución cultural, y así apaciguaron el despertar del monstruo político en Asia, sin importar el costo a pagar; y tornaron roma aquella punta de lanza anticipando la muerte de Mao y el cambio de guarda con el “castigado” Deng Tsiao Ping, el nuevo reformador del socialismo con rostro capitalista.


[1] Profesor asociado, Departamento de Ciencia política, Universidad Nacional de Colombia. Bogotá. Director grupo presidencialismo y participación.  Autor: Presidencialismo y participación política en Occidente. Ceja. Universidad javeriana, Bogotá, 2000. Coautor y editor del libro: Seguridad y gobernabilidad democrática. Neopresidencialismo y participación en Colombia, 1991-2003. unijus/dib. universidad nacional. Bogotá, 2005. 
[2] HERRERA ZGAIB, Miguel Angel  y Marco Aurelio (2010). Educación pública superior, Hegemonía cultural y Crisis de representación política en Colombia, 1842-1984.  Colección Gerardo Molina, 20. UNIJUS/Unal. Facultad de Derecho y Ciencias Políticas. Bogotá.
[3] El filósofo y analista colombiano Rubén Jaramillo la denomina modernidad postergada. Ver Colombia: la modernidad postergada. 2ª edición. Argumentos, Bogotá, 1998.
[4] Antonio García Nossa, teórico y militante socialista colombiano, utilizó  la expresión república señorial para caracterizar a la comunidad política nacional  con la que se enfrentó  Jorge Eliécer Gaitán, y otros líderes reformistas durante el curso del siglo XX.
[5] Lo que un disidente chino, influido por el nihilismo de Nietzsche, llamó  “la búsqueda ascética del hedonismo”.
[6] Ver ¿Cuál democracia? (1993). Flacso. Costa Rica.
[7] HARDT, Michael, NEGRI, Antonio (2004).  Multitud. Guerra y Democracia en la Era del Imperio. Colección Debate. Random House Mondadori. Argentina
[8] MANE es la mesa ampliada nacional estudiantil, la organización que asume y defiende el programa mínimo de los estudiantes universitarios, y en la que tienen asiento representantes de la educación superior pública y privada. Ya celebraron su primer congreso nacional, y ha tenido que experimentar disidencias  internas, con reclamos de las direcciones  regionales del movimiento.
[9] Monstruo político es la referencia, que entre otros acuña Toni Negri  para caracterizar  las multitudes, el movimiento de movimientos que se despierta como antagonista del poder imperial, global y localmente.
[10] Camila Vallejo fue elegida presidente de la FECh en noviembre de 2010. Fue derrotada en la siguiente elección, en diciembre de 2011, por la lista “Creando Izquierda” que eligió como nuevo presidente  a Gabriel Boric, quien obtuvo 4053, y como vicepresidenta quedó ahora Camila con 3864 votos. Boriç, de ancestro croata, es miembro del colectivo Izquierda Autónoma,  que está aliado con los grupos Izquierda Construye y Arrebol. Empezó en la Universidad de Chile en el colectivo de Estudiantes Autónomos, y tiene raíces político intelectuales en el autonomismo italiano  y el legado de Antonio Gramsci.
[11] De ese tiempo es la escuela de “la lógica del Capital”, acuña en las aulas de la Universidad Libre de Berlín, atenta a lo que ocurría del otro lado de la frontera, así como a acoger a sus disidentes más destacados que traían noticias del derrumbe del socialismo impuesto por la Unión Soviética y sus cronnies políticos.
[12] En ese clima radical se intentó la solidaridad internacional armada con la corta y trágica experiencia de la Armada Roja.
[13] ALTAMIRA, César (2006). Los marxismos del nuevo siglo. Prólogo de Toni Negri. Editorial Biblos. Pensamiento Social. Buenos Aires.

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