domingo, 19 de noviembre de 2017

¿CÓMO CONSTRUIR UN FRENTE COMÚN EN COLOMBIA DE CARA AL 2018?

EL VOTO DE LA CONSULTA LIBERAL (PARTE I)

MIGUEL ANGEL HERRERA ZGAIB
PROFESOR ASOCIADO, CIENCIA POLÍTICO
DIRECTOR GRUPO PRESIDENCIALISMO Y PARTICIPACIÓN,
Y LA INTERNATIONAL GRAMSCI SOCIETY, IGS-COLOMBIA

¿CÓMO CONSTRUIR UN FRENTE COMÚN EN COLOMBIA DE CARA AL 2018?

Hoy, 19 de noviembre, se pone a prueba el primer paso de lo que puede ser el desenlace, promisorio o catastrófico, de la crisis de hegemonía que corresponde al largo ciclo de la crisis orgánica del bloque histórico que produce y reproduce el capitalismo periférico/dependiente de Colombia.

Es una crisis de larga duración, que tuvo un trágico, sintomático comienzo entre los años 1946 y el asesinato de Jorge E. Gaitán, el 9 de abril de 1948. Porque no tuvo comienzo con una revolución, sino con una contrarreforma sangrienta dirigida contra el campesinado de las ciudades, y sus apoyos urbanos.

Es decir, arranca con una regresión económica y social, que aplazó también los intentos de reforma intelectual y moral que tenían como eje a la U. Nacional de Colombia, que tenía como rector a Gerardo Molina, con quien se adelantaron las tareas de creación de los institutos de filosofía y economía, con el concurso de Carrillo y García, que después dieron paso a las facultades de ciencias humanas y economía.

El ahora y el ciclo electoral

Este periplo accidentado se abre con la consulta liberal, con dos potenciales liderazgos de un partido desteñido, desdibujado desde entonces, por el abandono efectivo de su espíritu socializante, que reclamaron sus jefes históricos más caracterizados, Rafael Uribe Uribe, Alejandro López y Jorge Eliécer, para quienes la cuestión agraria era el gran desafío, que reclamaba la urgencia de realizar la modernidad democrática, y hacer posible una adecuada abolición de privilegios feudales, y semifeudales.

Humberto de la Calle, nacido en las filas del nadaismo, en la provincia, desde Manizales, construyó un prestigio como abogado de causas civiles; y su carrera de funcionario público que empezó como Registrador nacional del estado civil.
Con esos tres componentes, siendo liberal, Humberto se comprometió en liderar el proceso de revolución pasiva que le "bajó los humos" a la guerrilla renovadora del M-19, luego de su derrota militar estratégica en la toma del Palacio de Justicia, que aplastó la retoma sangrienta, genocida del ejército y la policía, autorizada y/o permitida por el que quiso ser presidente de la paz, en Centroamérica y Colombia, Belisario.

Tal "revolución" del capital, la vulgata neoliberal de César Gaviria, hoy cabeza del liberalismo, tomó forma y figura en la constitución de 1991, con la presencia validadora de la Alianza Democrática-M19, y la parte doctrinaria del conservatismo, a cuya cabeza estuvo Álvaro Gómez, escritor de la Revolución en América, y denunciante de las repúblicas independientes de los campesinos alzados en armas, siendo un aguerrido congresista, que no desistió jamás de una retórica incendiaria para atacarlos sin, lograr en vida, vencerlos.

Desde entonces hubo la defección de la otra ala del conservatismo, que tenía su inicio en el gobierno de Mariano Ospina Pérez, que triunfó siendo minoría, ante la fractura del liberalismo, en 1946. Su lugarteniente más joven, Misael Pastrana, reculó durante el proceso constituyente, y en la medida de lo posible trató de torpedearlo. Tarea que continuó su delfín, luego de hacerle conejo a las Farc-ep, rehusando a respetar los Acuerdos de San Francisco de la Sombra.


La aceptación de aquella constituyente fue votada por minorías en diciembre de 1990. Quienes la votaron no superaron el 28 por ciento del voto hábil, que comparado históricamente es el que en últimas elige presidente de Colombia, después de la votación del plebiscito de 1957. Están las cifras que conserva la Registraduría de las elecciones realizadas después de 1957 para confirmarlo o negarlo.

Todo lo cual quiere decir que la promesa democrática en el país ha sido desmentida por el descreimiento de los subalternos, que, en cambio, siguen siendo devotos de las religiones cristianas. Porque ellos se abstienen de votar en grandes números, mientras que se hacen más asiduos asistentes de las iglesias que florecen como hongos, para atender sus dolamas cotidianas, y hacer caridad y negocios paralelamente.

¿Con De la Calle, o con Juan Fernando Cristo?

Marchará el grueso del conservatismo partidista, que tiene como conductor visible al presidente del senado, Efraín Cepeda. En un cierto modo, en este partido, hay, hoy por hoy, una mezcla de matices, entre lo que fuera el conservatismo social, y los seguidores del legado alvarista. Pero, por sobre todo, el imperativo es sobrevivir en la burocracia, y mantener las clientelas a todos los niveles.

Cristo, tiene presencia, no solamente como cacique regional, cucuteña, hijo de un prestigioso médico de origen libanés, que hacía política, apoyado por su ejercicio social de la medicina. Su padre fue asesinado por una comisión del Eln, una insurgencia subalterna que años después se retractó de aquel asesinato absurdo. Cristo, en el congreso, lideró la causa de las víctimas de la guerra social prolongada, que enluta tantas hogares, y perdonó a los asesinos de su padre. Así ganó presencia, y reencauchó su estilo clientelista que lo mantiene en el senado, como a tantos otros.

Él fue el ministro del interior que apoyó el tránsito de la guerra con la farc-ep a la paz neoliberal, como lugarteniente del presidente Santos, en su ala socializante, al tiempo que preparó el tránsito a la negociación de paz de parte del Eln; mientras que De la Calle, acompañó la gestión jurídica, gruesa y menuda de los acuerdos con la guerrilla, presidiendo el equipo presidencial, que abandonó el trámite de su implementación.

Ahora bien, esta gestión vergonzante de los acuerdos de parte del gobierno y sus comisionados, produjo la derrota del plebiscito, por escasos 52 mil votos. Ahora el acuerdo apunta, al pasar por las horcas caudinas del congreso, y la corte constitucional, a convertirse en una nueva revolución pasiva. De este crucial impasse beben las aspiraciones del precandidato, quien ya fue capaz de bajarse del bus de la vicepresidencia, cuando comprobó la corrupción de la campaña presidencial que los eligió, bajo la gerencia de Fernando Botero y su tesorero, Santiago Medina.

Así las cosas, existe la amenaza manifiesta que todo cambie para que todo siga igual, con el fantasma de la JEP, picoteada y bastardeada hasta el límite,a pocas horas de que finalice la votación de la consulta liberal. Que podría superar el millón de votos, si hay claridad suficiente en el partido de la paz, que tiene a las organizaciones políticas y sociales subalternas como interesados de primera línea.

Al mismo tiempo, el partido de la Farc, con las vocerías de Timochenko, su candidato presidencial, e Iván Márquez su secretario político, de orígenes semi-rurales, siendo el último sobreviviente del genocidio de la UP, no han sido capaces de "pararle el macho" al esperpento jurídico en que amenaza el bipartidismo reaccionario y de derecha, convertir a la JEP como a la reforma política, piezas fundamentales para el quehacer político de la insurgencia subalterna que hizo dejación de armas, y la que se prepara para hacerlo desde Quito.

Consulta Liberal y Frente Común

Sobre el particular, tanto De la Calle como Cristo, ha perdido el examen. Nada han dicho sobre estos últimos eventos perturbadores, que no sea que voten por ellos para defender la implementación de la paz, ¿cuál?. Ellos son, a su modo, cancerberos hasta ahora de la paz neoliberal, bajo la conducción y el consejo de Gaviria y Samper, sus jefes "naturales".

Pero, ello no quiere decir, que en la guerra de posiciones estratégica que define a la posguerra, el Frente Común de los subalternos pueda ignorarlos. En materia de representación política es importante tenerlos del lado de la paz, en un frente común, desde la disputa de la primera vuelta; y con más veras de existir un reñido ballotage.

Está claro, también, que ninguno de los dos se atrevió todavía a desafiar a la reacción y a la derecha hirsuta, antes de la consulta de hoy, de la que desistieron tanto los conservadores como el Centro Democrático, para descubrir su verdadero talante político. Ninguno ha dicho, De la Calle o Cristo, que están dispuesto a aliarse con Tiomochenko, y con Gustavo Petro.

Ellos, Pastrana y Uribe, no quieren comprometer la candidatura de las elites, o la dictadura del jefe "histórico" del CD, quien de paso excluyó a dos dirigentes conservadores tocados por la corrupción, Oscar Iván, y Luis Alfredo.

Estos corifeos del jefe de la reacción prefirieron hacer encuestas, pagadas por ellos mismos entre los quíntuples cobijados por el prestigio del ganadero, finquero y accionista de obras públicas, por interpuesta persona, Álvaro Uribe Vélez, practicante descarado de la posverdad, con la comparsa de su esposa licenciada en filosofía.

Cualquiera de los dos, De la Calle y Cristo, si quieren garantizar que la guerra social mengue sus efectos catastróficos, tiene que hacer alianzas con el otro lado del espectro, el que llamamos el heterogéneo y difuso partido de la paz. Porque en él hay elementos de tres propuestas de paz, neoliberal, subalterna y democrática cociéndose de modo desigual, y contradictorio, con los días contados para perder o ganar las elecciones de 2018.

Jugando con candela

Lo anterior quiere decir, que los $40 mil millones de pesos tienen una significación especial, porque definen un punto de convergencia, el ala de centro derecha y centro izquierda que habita al liberalismo de hoy, que fuera definido, después del asesinato de Gaitán, como una concurrencia de matices de izquierda, con el grueso de las fuerzas democráticas y de izquierda nacional, para quienes el liberalismo puede ser un aliado en la guerra de posiciones democrática.

Por cuestionar esa definición, por defender la diversidad, quedaron fuera, Sofía Gaviria y Viviane Morales, quienes votaron por el no a la negociación de la paz de La Habana. Ellas pretendían ser liberales, mientras son talladoras de votos, en favor de la reacción y la derecha de cuño religioso, de donde provienen sus mejores recursos políticos y financieros que las han hecho senadoras.

El programa del liberalismo histórico, después del magnicidio de Gaitán, estuvo a cargo del jefe burocrático y lentejista, Carlos Lleras, su rival más caracterizados. Tío abuelo de Germán Vargas Lleras, el candidato de la reacción y la derecha, para disputar la segunda vuelta. Un zorro clientelista que corteja a "caperucita" recogiendo firmas con organizaciones especializadas, para ofrecer legitimidad a su trayectoria oligárquica de cara al potencial pueblo votante.

De tal suerte que ese liberalismo, el de los matices de izquiera, se le hizo insoportable a Germán, cuando Ernesto Samper fue presidente; y tuvo que apelar a la corrupción administrada por sus segundos para imponerse a Andrés Pastrana, financiado por los grandes capos esmeralderos, afincados en la Costa y Boyacá. Es lo que dicen los estudiosos de estos menesteres. Por eso conformó su empresa electoral, su partido de bolsillo, Cambio Radical, por lo que ahora no se postuló, en una burda estratagema para continuar la campaña que financió la plata de los colombianos a través de los ministerios que le entregó Santos, su padrino político, desde que lo ayudó a ganar la reelección.

De Poder Popular, al empresa concebida por Samper, desde que fue derrotado la aspiración de reelegirse que acarició el "gallo" López, se desprendió con cálculo la senadora Piedad Córdoba. Ha reclamado respeto para las negritudes, y otras causas de los subalternos, a pesar de haber sido destituida.

Recuperando la senda corrida por Diego Luis Córdoba, por estar, apoyando la paz con las Farc-ep, recibió los dardos del exprocurador corrupto, Alejandro Ordóñez. Sin embargo, hoy Piedad languidece, recogiendo firmas, que no son suficientes para ganar ella una elección, a la lado de la Marcha Patriótica, donde sobrevive también el Partido Comunista, que le impone condiciones a su aspiración, que decidió apoyar también con firmas, pero con una faltriquera mal provista.


(Continua)

2 comentarios:

  1. LA consulta la ganó Humberto de la Calle Lombana. Van contabilizados 316.305 votos a su favor, mientras que Juan Fernando Cristo obtiene 260.893. Aún no se supera la votación que obtuvieron Rafael Pardo y Gaviria, fórmula que en 2010 contabilizó 638.302 .

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